Capítulo 32: Platos surinameses

Abrió las cortinas, dejando que la luz del sol inundara la habitación.

—¡Arriba y brilla, Princesa Aurora, la bella durmiente! —exclamó.

No pude evitar poner los ojos en blanco y arrastrarme hasta la ducha, sabiendo que no se rendiría hasta que lo hiciera.

—¡Apúrate, rápido! —gritó desde el dorm...

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