Capítulo 238

Fruncí el ceño.

—¿Quién se lleva a su esposo al trabajo?

—No pienses en mí como tu esposo. Piensa en mí como tu asistente.

Lo pensé un momento.

—Bien.

Levantó las cobijas de una patada y las arrastró para cubrirnos a los dos.

—Vuelve a la cama, todavía es temprano.

Me acurruqué contra su pech...

Inicia sesión y continúa leyendo