Capítulo 295

La sala de conferencias del hotel olía tenuemente a café y a ambientador. Gerard Haldane ya estaba ahí, sentado en la cabecera de la mesa. Se levantó cuando entré, con la mano extendida y esa sonrisa de político, cálida y bien ensayada.

—Señorita Vance —dijo, como si fuéramos viejos amigos—. Daniel...

Inicia sesión y continúa leyendo