Capítulo 287

La sala de reuniones estaba en completo silencio, apenas rota por el zumbido del aire acondicionado. Doce pares de ojos me estudiaban, analíticos, desconfiados, algunos con un toque de resentimiento.

La mesa de caoba brillaba impecable bajo las luces. Yo sentado en la cabecera, como siempre, con la...

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