Capítulo 68

Una hora después, Dominic entregó un Ferrari rojo.

Salí a probarlo.

El viento me desordenaba el pelo, las gafas de sol bien puestas, las manos agarradas al volante como si fuera a despegar.

Ni recuerdo cuándo fue la última vez que conduje, y apenas si iba a treinta por hora, deslizándome como una...

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