Capítulo 97

Desperté con la cara aplastada contra algo cálido y firme.

Tardé un segundo en darme cuenta: era piel.

Piel masculina. Bronceada, lisa, con ese ligero toque salado. Subía y bajaba con un ritmo constante, casi hipnótico.

Tenía los dedos hundidos en los abdominales de alguien.

Y no eran nada bland...

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