Capítulo 356 ¿Qué Mierda Dices?

Charlotte.-

El silencio en mi sala se volvió tan denso y pesado que el tic-tac del reloj de pared parecía sonar como martillazos.

Se me heló la sangre. Miré a Sebastián, parado a mitad del pasillo con los hombros caídos, la camisa arrugada y las manos cubriéndose la cara mientras los hombros l...

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