¡No la necesitas!

Ella negó con la cabeza. —Lo haré yo.

—No —objetaron todos a la vez.

—Es mi coche. —Era suyo, su bebé... y alguien lo había vandalizado. Claro, solo era un poco de pintura, pero maldita sea, ese no era el punto. Su naturaleza territorial de cambiaformas hacía que le resultara aún más difícil mante...

Inicia sesión y continúa leyendo