Los muertos aún viven en el corazón.

Al llegar finalmente al río, encontró una roca en la que se sentó y tomó una respiración profunda, purificadora y calmante. Una y otra vez llenó sus pulmones con el aire fresco y crujiente del bosque, dejándolo relajarla. Los olores familiares de tierra húmeda y pino hicieron que su lobo se calmara ...

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