¡Sí! ¡Gio!

—Abre las piernas y recuéstate, nena. Quiero ver lo mojada que estás.

Como era de esperar, ella lo miró con incertidumbre, no encontrando fácil someterse por completo.

—Danica —gruñó él—, abre las piernas y recuéstate.

Aún mirándolo fijamente, ella lentamente hizo lo que él le había pedido.

—Muy...

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