La carta

—Oye, ¿por qué no me esperaste? —preguntó Gio contra sus labios mientras se colocaba entre sus piernas. Escuchó a Theresa —una Theresa casi desnuda, según le informó su visión periférica— llamarlo por su nombre, pero no le prestó atención, no era tonto.

—Necesitaba cafeína —Danica aceptó agradecida...

Inicia sesión y continúa leyendo