Capítulo cincuenta y cuatro

La tienda de novias huele a tela recién planchada y perfume, y cada centímetro de mi ser quiere salir corriendo por la puerta como si los vestidos pudieran saltar de los estantes y exigir respuestas sobre mi cuerpo. Aspen enlaza su brazo con el mío como si me estuviera anclando sin hacerlo evidente,...

Inicia sesión y continúa leyendo