Capítulo 24 CAPÍTULO 24

—Que no puedo respirar.

Sergio no la veía. La oscuridad era total. Pero la oyó: la respiración de Emma se había vuelto corta, rápida, un jadeo que subía y subía sin llegar a ninguna parte.

—Emma. Estoy aquí. No se mueva.

—No puedo… —El aire le entraba a pedazos—. No puedo, no puedo, las paredes, ...

Inicia sesión y continúa leyendo