209

Las puertas del ascensor se abrieron con un sonido sordo. Entré a mi oficina, ya aflojándome la corbata. El viaje a la ciudad había sido largo, el tráfico peor de lo habitual, y ni siquiera había tomado mi segunda taza de café.

Todo lo que quería era silencio. Papeles. Una oportunidad para respirar...

Inicia sesión y continúa leyendo