214

Lo primero que sentí al despertar fue dolor.

No era agudo—no, era más pesado que eso. Un dolor lento y arrastrado que se asentaba profundamente en mí, como si mi cuerpo hubiera sido vaciado y llenado de plomo.

Flotaba en él, inmovilizada, atrapada.

El techo sobre mí era blanco, demasiado blanco. ...

Inicia sesión y continúa leyendo