Puesta en escena de la parte final

Giacomo

Don Sartori nunca imaginó que el hombre que forjó nuestras máscaras, que nos enseñó a ser los hombres de la familia, había jugado su papel con maestría.

Ignorar la rabia hacia el hombre que destruyó a mi hermana casi rompió todo el acto, la furia atrapada en su pecho como un monstruo enjaul...

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