Capítulo 6 Inesperado
El sol bañaba el jardín de la residencia Wilson, propiedad de Becca y el refugio de Alice, las aves revoloteaban de un lado a otro alborotadas por las pequeñas semillas que la castaña arrojaba sobre el pasto fresco para alimentarlas, su mirada estaba fija hacia la nada, perdida en los muchos pensamientos que la atiborraban desde temprano, era domingo, día libre para ella, esa noche no tendría que ir al bar y, francamente, se sentía reconfortada por no tener que hacerlo, sus blancas mejillas volvían a colorearse de rojo al recordar aquel demasiado bochornoso momento entre ella y Hades Dogaru, aun podía sentir aquel enorme y poderoso cuerpo pegado al de ella y recordaba lo diminuta que era en comparación a él, aquellas palabras que le había dicho, resonaban en su mente como ecos que rebotaban una y otra vez, Hades, deliberadamente le había prohibido bailar en público y, en sus palabras, sólo podría hacerlo frente a él, y eso no había sido lo más alarmante…se habían besado, ¡Ella se besó con Hades Dogaru!
Lanzando más comida a las animadas aves, Alice deseaba esconderse dentro de un hoyo y no volver a salir de él, aquel beso había sido fuerte, demandante, completamente sensual, muy diferente a los besos que compartió una vez con su ex esposo, no le gustaba compararlos, sin embargo, no podía evitar hacerlo, los besos de Henry era siempre simples, aburridos, como solo dando a entender que estaba allí, haciéndola sentir que recibía miserias de lo que debía ser, en cambio, el beso de Hades, había despertado algo que parecía estar dormido dentro de ella, algo desconocido y mucho más emocionante, los labios de aquel hombre eran fuego, un fuego ardiente con el cual tenía miedo de quemarse.
– Pareces muy distraída esta mañana Alice – decía Becca quien salía al jardín a avisar a su amiga que se marchaba por el rato y el resto de la noche.
– Supongo que si ¿Ya te vas? – cuestiono la castaña sin dejar de mirar a las hermosas aves.
– Si, saldré con Charlie a entregar la paga a las bailarinas, hoy es tu día de descanso, deberías aprovechar el momento y salir de paseo con Dante, el clima esta perfecto hoy – dijo Rebecca con una sonrisa.
– Si, es buena idea, hace tiempo que Dante y yo no salimos simplemente a divertirnos, entre las deudas que nos dejo su padre y todo lo que ha venido pasando, el pobre no ha podido ser simplemente un niño…todo ha sido demasiado duro para él, en ocasiones, aun me pregunta por Henry y Agatha, por sus abuelos…y yo…yo simplemente no sé qué decirle – dijo Alice con voz entrecortada.
Rebecca se sintió sumamente conmovida de lo dicho por Alice, aun recordaba a aquella chica fuerte y empoderada que había sido, un sol enorme y radiante que siempre tenia una generosa sonrisa sincera para todos, Henry le había insistido mucho en salir hasta que finalmente logro convencerla, sin embargo, desde que aquella relación que a nadie le gustaba comenzó, Alice se fue apagando poco a poco, siempre estresada por los problemas que Henry ocasionaba por su incapacidad de mantener un empleo, siempre mortificada y dividiendo su tiempo entre la universidad y su hijo, y luego entre el trabajo y el pequeño Dante, contando cada dólar que ganaba intentando administrarlo, todo para nada, Henry tenia la mala costumbre de malgastar el dinero de la castaña en tonterías, comportándose siempre como un eterno adolescente y ella, como la madre que a toda costa intenta encarrilar bien a su hijo…aquella horrenda relación unilateral, la había consumido hasta casi desvanecerla, y no tenia ninguna duda de que, el hecho de que Henry terminara huyendo con la no más honorable Agatha, había sido lo mejor que le pudo haber ocurrido a Alice, aunque, por supuesto, no sabia tampoco que la estuviese pasando tan mal, aquel trabajo que le había ofrecido, no era en realidad el mejor del mundo, y sin duda alguna, Alice no se acostumbraría a ello nunca, pero esperaba que fuese suficiente por el momento, al menos en lo que lograba conseguir algo mejor y mas adecuado para ella.
– Tranquila, ve con Dante al parque, pediré que los lleven y los traigan, ninguno de los dos esta en esa horrible situación ya, y te prometo que voy a apoyarte, somos mejores amigas, y puedes quedarte cuanto gustes, quiero verte bien a ti y a tu pequeño, Henry puede joderse junto con tu zorra hermana, tu estas bien ahora y veremos que sigas igual de bien e incluso mucho mejor, Charlie y yo te apoyamos y lo haremos siempre – dijo Becca abrazando a su mejor amiga.
Alice se sintió muy afortunada de tener a Rebecca en su vida, si bien, las dos eran muy distintas, eran las mejores amigas y esperaba que lo fueran siempre.
– Muchas gracias Becca, sin ti, Dante y yo estaríamos vagando solos por las calles, eres una gran amiga – respondió Alice correspondiendo el abrazo de la hermosa morena.
Rebecca se había marchado junto a su marido, Alice se alistaba para salir con Dante, mirándose en el espejo antes de salir, miro aquel trozo de papel con el numero de Zeus Dogaru, no se había atrevido a llamarlo de nuevo desde aquel demasiado incomodo momento en la cafetería, Zeus se le había confesado, le había dicho que gustaba de ella desde los años en que ella era una estudiante de arte y el, su profesor ocasional, se había excusado de tener que regresar rápido por Dante y de esa manera logro escaparse de ese lugar, no sin antes prometerle que se volverían a ver.
Hades, Zeus, dos hermanos demasiado diferentes entre sí, Zeus era un hombre respetable, elegante, un filántropo demasiado sensible y apuesto, Hades, en cambio, era salvaje, atrevido, un hombre que destilaba fuego por cada poro de su piel, no era gentil, al contrario, solía ser desagradable, aun así, era interesante, sus ojos zafiro irradiaban peligro…pasión, alguien acostumbrado a hacer lo que quería y con quien quería…y, sin embargo, no le molestaba del todo ello.
Caminando hacia el buro junto a su cama, Alice tomo entre sus manos aquella pintura que hizo sin querer de Hades, aquella mirada tan penetrante y poderosa, se le había quedado grabada bajo la piel, era imposible olvidarla, repasando con las yemas de sus dedos aquellos trazos, de nuevo venían a sus memorias los recuerdos de la noche anterior, su aliento cálido golpeando la piel desnuda de su cuello, sus dedos recorriendo las curvas de su cuerpo sin atreverse a ir más allá, sus ojos de fuego que destilaron pasión, posesividad, logrando que un escalofrió aun la siguiera recorriendo.
Negando en silencio, decidió dejar de pensar en Hades o en Zeus, no dedicaría su día de descanso a pensar en ninguno de ellos, era su momento especial entre ella y su hijo, finalmente, después de muchos meses, podría llevarlo a comer un helado y ser simplemente madre e hijo, sin nada más…sin nadie más.
– Mami, ¿Ya iremos al parque? – preguntaba Dante con dulce voz infantil.
Alice abrazo a su hijo para luego besar sus sonrosadas mejillas y mirarle fijamente, Dante era su viva imagen, no había sacado mucho de Henry, era como verse a ella misma en su versión de varoncito, un niño precioso de hermosos ojos agua marinos y cabellos castaños casi rubios, era todo lo que mas amaba en el mundo y por él, era capaz de cualquier cosa.
– Anda, vamos ya, comeremos un helado y jugaremos un buen rato – dijo Alice besando una vez mas a su pequeño hijo y luego marchar con dirección al parque.
En su lujoso departamento, Hades daba una ultima repasada a sus negocios ilícitos, los estupefacientes que tenia de reserva en el bar Tentación, habían sido repartidos correctamente, sin embargo, era mas que obvio que necesitaba hacer algo con Zeus y su padre, quienes constantemente se entrometían en su camino, le dolía la cabeza de tanto pensar, aquello era un completo fastidio con el que no pretendía seguir lidiando siempre, se sentía harto, realmente cansado de aquel par de infelices con los que tenia desgracia de compartir sangre.
Tomando su chaqueta, decidió salir a caminar al menos por un momento, sentía necesitar aire y el viento fresco de la tarde seguramente lograría reconfortarlo un poco, caminando entre las bonitas calles del centro de la ciudad, disfrutaba de ver la belleza de sus muchos edificios, Palermo era en realidad bastante bonita, la ciudad natal de su madre y el territorio de su gran imperio, sin embargo, aun con todo su esplendor, en ocasiones, se sentía atrapado en ella, era su refugio, sus dominios, y también…su jaula, el único lugar donde el poder de su padre era menor al suyo, el único lugar donde podía ser el mismo sin las restricciones de la “sociedad” en la que nació.
Mirando a las personas en las calles, no podía evitar sentirse muy divertido al notar las miradas de miedo o de incomodidad que su presencia provocaban, nada mas que personas aburridas y patéticas que se creían perfectas, tal cual como su padre y hermano eran, tenia tanto poder y dinero para hacer lo que quisiera con cualquiera de aquellos que lo miraban de manera despectiva, y aun así, aquella idea era demasiado aburrida, nadie le presentaba un reto real, nadie se le oponía, tenia todo lo que deseaba en el momento en que lo deseaba, solo Alice Wright en su torpeza e inocencia, le resultaba divertido, un reto que esperaba poder disfrutar mucho.
Recordando su nerviosismo de la noche anterior, cuando pego su cadera con la suya y la profesora de artes pudo sentir todo aquel deseo que tenia hacia ella en la dureza que le provoco verla bailar de tal manera, lo hacia anhelar verla de nuevo, sin embargo, esa noche no iría a trabajar al bar, era su día libre, se había dado el tiempo de averiguar bien sus horarios con las otras meseras, y por supuesto, nadie le negó lo que quería saber, el mismo, había decidido no ir por esa noche al Tentación, sin Alice allí, de repente todo se había vuelto demasiado aburrido, quería verla, la quería a ella y solo a ella para saciar su aburrimiento, molestarla se había vuelto realmente adictivo, disfrutaba mucho verla sonrojada, avergonzada, decirle cualquier cosa que tuviese que ver con sexo, la ponía de los nervios, y eso, le encantaba, Alice era una persona fácil de leer, no ocultaba sus sentimientos o pensamientos de nadie, aun si no los decía, era demasiado sencillo saber lo que estaba sintiendo, su hermoso rostro de femeninas y delicadas facciones, expresaba en una infinidad de gestos todo lo que ella experimentaba, quería mas que cualquier otra cosa que jamás hubiese querido, ver las mil expresiones que tendría su rostro inocente al hacerle el amor con pasión, quería provocarle mil orgasmos y ver las expresiones que haría en cada uno de ellos, Alice era suya desde aquel primer momento en que la vio acercarse a su mesa con timidez, ella no era como todas las zorras que habían pasado por su cama siempre buscando algo más, ella se había dado el lujo de enfrentarlo, de, con sutilezas, rechazarlo, la primer mujer que a la primera insinuación, no se había arrojado desnuda sobre él, al contrario, parecía querer evitarlo a toda costa, y aquello, lo intrigaba, la volvía a ella una mujer sumamente interesante, y su evidente rechazo de la noche anterior al argumentar que debía irse rápido, lo había dejado con ganas de más, quería más de ella, quería todo de ella, y averiguar si terminaría aburriéndose de nuevo, o si pasaría algo más.
Todo pensamiento que estaba teniendo en aquel momento, sin embargo, se había acallado en un silencio sepulcral y repentino, sin pensar a donde caminaba, Hades había llegado hasta el parque, sus penetrantes ojos de zafiro, miraban la dulce figura de Alice Wright vestida como una persona común y corriente, un vestido que le llegaba a las rodillas, un suéter ligero que usaba sobre este, pero, no era eso lo que lo había paralizado justo en ese momento, con ella, balanceándose en un vaivén inocente, había un niño, un pequeño que no debía rebasar más allá de los 5 años, con cabellos y ojos idénticos a los de ella, y una sonrisa prístina de pura inocencia, mirando a aquel curioso par, pudo ver como Alice ayudaba al infante a bajar de aquel columpio para luego besar con amor sus mejillas, brillando como no brillaba en el bar, sin aquel permanente gesto de molestia o angustia, sonriendo de verdad, con felicidad…aquel niño, aquellas palabras dichas por ella donde le revelo que había estado casada…ese infante tan parecido a ella, no podía ser nadie mas que su hijo, Alice Wright era madre, una madre soltera.
Inesperado, así se sentía aquel fortuito encuentro en el parque, Alice no lo había visto, no parecía tener ojos para nadie mas que el pequeño al que besaba con amor, Hades, sentía su corazón latir desbocado ante aquella vista, las razones que tenia la tímida profesora de arte para ser mesera en un bar de millonarios, finalmente salían a la vista, aunque, tomando su teléfono, apresuro a su investigador privado…todo, quería saberlo todo ya mismo, quería conocer la historia detrás de la mujer del bar que lo había cautivado, quería conocer la historia de la mujer a la que deseaba mas que a cualquier otra cosa en el mundo.
