Capítulo 29

Los ojos de Margaret se abrieron de par en par, atónitos, pero no por voluntad propia. Era su loba. Intentaba abrirse paso pese al brazalete de plata sujeto a la muñeca de Margaret. La loba roja ya había terminado de tratar de convencer a su obstinada parte humana de aceptar a su pareja. Solo quería...

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