Capítulo diecisiete

En cuanto entré en la oficina del director, me desplacé en silencio hacia la puerta para permitir la entrada de mis amigos, quienes me estaban aguardando.

—Se ven adorables —los molesté, lanzándole un beso a Stella. Estaban vestidos de negro de pies a cabeza: gorros negros, tacones negros, suéteres...

Inicia sesión y continúa leyendo