Capítulo 3 Capítulo 3
Xander
—Eres un maldito lastre —dije a modo de saludo en cuanto oí que se abrían las puertas corredizas del patio.
Los restos de la fiesta ya estaban casi recogidos, pero la terraza seguía llena de vidrios. Yo no iba a ser quien limpiara eso.
Él era quien había destrozado la mesa; pues que ordenara su desastre.
De hecho, podía ordenar su vida entera de una vez. Al principio, ese ir por ahí comportándose como un irresponsable había sido comprensible; la había pasado mal, sí, pero su vida ya no era dura, y había un límite de oportunidades que yo podía darle, un límite de excusas que yo podía inventar antes de que tuviera que enfrentar las consecuencias.
—No empieces —murmuró, con la voz espesa por la fuerza de la resaca.
Por el rabillo del ojo lo vi dejarse caer en la tumbona junto a la mía y echarse un brazo sobre la cara para taparse del sol.
No dije una palabra. No había más de cuatro años entre nosotros, pero a veces… La mayoría de las veces sentía que tenía que hacerle de padre, y me estaba volviendo loco.
—A ver, Xander, no estoy de humor para sermones tan temprano.
No pude evitarlo. Bajé la mirada a mi reloj.
—Son casi las dos de la tarde. Y no estás en condiciones de montar. ¿Qué se supone que debo decirle a…?
Me cortó con un gruñido.
—Me da igual lo que le digas. Ni siquiera debería estar al mando. Todos saben que el voto era tuyo.
Me bajé las gafas oscuras por la nariz y me volví hacia él.
—Raven ganó la votación de forma limpia. Es el presidente. No tiene por qué caerte bien, Irish, pero sí tienes que respetarlo.
No necesitaba mirar para saber que estaba haciendo pucheros.
A veces me hacía preguntarme por su salud mental, por lo que le había hecho el tiempo encerrado antes de que nos conociéramos. Irish era letal, tanto con las armas como con los puños, y completamente despiadado cuando se trataba de su objetivo, pero había momentos como este en los que no actuaba como mucho más que un niño.
Tal vez era porque lo habían encerrado a una edad demasiado temprana por un crimen que no cometió. El chivo expiatorio por una muñequita buenísima que se suponía que estaba enamorada de él.
—Pero vaya fiesta, eso sí —dijo con una risita, y el ambiente se alivianó bastante—. Habría sido mejor si te unías; yo tenía a tres…
—Estaba ocupado —lo interrumpí.
—¿Demasiado ocupado como para agarrar culo?
Por el rabillo del ojo lo vi incorporarse y volverse hacia mí.
—Entonces es verdad.
—¿Qué cosa es verdad?
Frunció sus labios carnosos. Otra vez, casi haciendo pucheros.
—Se dice que te vieron hablando con una mujer. Nadie parece saber quién carajos es. —Sus ojos azul pálido se encontraron con los míos, y yo se los sostuve sin pestañear—. Me estuviste ocultando cosas.
Suspiré.
—No fue así, Irish. Y ella no es el tipo de mujer… —dejé la frase en el aire.
La verdad era que no sabía qué clase de mujer era Lottie. Dulce, seguro, pero no se había disgustado por lo que vio a través de mi cerca; más bien todo lo contrario.
—Solo estábamos hablando. Se mudó a la casa de al lado.
Estaba poniendo excusas y no sabía por qué.
—Y además, tú estabas ocupado —añadí, guiñándole un ojo.
—Ya sabes que estas cosas siempre me resultan más divertidas cuando tú estás cerca.
Giré la cabeza por completo hacia él. Y ahí estaba: la verdad de la relación entre nosotros. A Irish le gustaba tenerme de respaldo para sus escapadas. Sí, yo sabía que le caía bien y a mí me caía bien él, pero siempre había una mujer entre nosotros. A veces más de una.
—Es porque tú eres…
Se lanzó hacia mí y me presionó los labios con los suyos. Le sentí el sabor a whisky rancio en el aliento. Y el rastro del bálsamo labial frutal de alguna chica. No sabía a él.
—No. —Con una mano lo empujé por el pecho—. Esta vez no vas a arreglarlo así, Irish. La cagaste. Te pasaste. Y vas a limpiar esta porquería.
Me puse de pie, estirándome.
—Tengo cosas que hacer. Voy a inventarte algún tipo de excusa, pero esta es la última vez. —Mi mirada habría podido liberar continentes, pero él no apartó la suya. No parecía molesto en lo más mínimo—. Limpia este desastre y pon tu vida en orden.
—¿Entonces no vamos a compartir a esta nueva…?
Me fui caminando con el sonido de su risa detrás, y al pasar le hice la seña con el dedo medio.
—Maldito avaro —se burló, y su carcajada se hizo más fuerte.
No era que yo estuviera en contra de compartir a Lottie. Si eso era lo que ella quería. Pero tampoco me entusiasmaba empujar el asunto.
Ni siquiera estaba seguro de que fuera alguien que quisiera compartir con él. Tal vez esta vez quería a alguien solo para mí.
—¿X?
Me detuve en el umbral, con la puerta abierta, pero no me di la vuelta.
—Lo siento por tu mesa, ¿sí?
—Lo sé —dije en voz baja, y cerré la puerta detrás de mí.
Y ese era el problema con Killian “Irish” Johnson: siempre se arrepentía después.
