Capítulo 4 Capítulo 4
Lottie
—Hola.
La mano que cayó sobre mi hombro me hizo girar de golpe, sobresaltada. Me arranqué los audífonos de las orejas, aspiré con un respingo y me quedé mirando a—
Un chaleco de cuero. Justo a la altura de mis ojos, porque quien estaba frente a mí era tan alto que apenas me llegaba… a los pezones.
Me tomó otro segundo darme cuenta de quién estaba delante de mí y, en cuanto lo hice, mi corazón se aceleró por otro motivo.
Maldita sea. Frunciendo los labios, solté el aire que había estado conteniendo.
—Xander.
Levanté la cara para encontrar la suya, tan por encima de la mía, y entrecerré los ojos por el sol.
—Me asustaste.
Eso era quedarse corta: no solo me había asustado. Casi me meo encima.
—Perdón, preciosa —sonrió—. Pensé que te iba a oír cuando llegara.
Se inclinó y me sacó el otro audífono de la oreja, colocándoselo junto a la suya.
Su sonrisa pasó rápido de deslumbrante a confundida.
—Supongo que estabas teniendo tu propia fiestita. Aunque… tu elección de música…
Negó con la cabeza.
Se lo arrebaté.
—No tiene nada de malo mi elección de música, Xander —repliqué con sequedad—. ¿Y qué te trae por aquí?
—¿No puedo ser buen vecino y venir a saludarte? —preguntó con una inocencia fingida que no me tragué.
La voz podía ser puro encanto, pero la mirada que me estaba echando era otra cosa. Ardiente. Sus ojos oscuros, salpicados de destellos dorados, recorrieron mi cuerpo de arriba abajo, deteniéndose en todos los lugares que le llamaron la atención.
En concreto, mis tetas y mis caderas.
Su lengua rosada se deslizó sobre sus labios carnosos.
Por un segundo me le quedé mirando. Luego saqué la cadera a propósito, porque sabía que no podría resistirse a mirarme. Le sonreí desde abajo.
—O quizá es que no puedes mantenerte alejado —lo piqué.
Hubo un instante en que pareció sorprendido y luego, en un abrir y cerrar de ojos, lo escondió con otra sonrisa descarada.
—O quizá no pude mantenerme alejado. ¿Qué me has hecho, preciosa?
—Nada… todavía.
Me agaché y recogí la pequeña horquilla de jardinería con la que estaba removiendo los canteros. Le di el tiempo justo para que me mirara el trasero. Y supe que lo hizo porque lo pillé cuando me enderecé.
—¿Todavía? —Xander tragó saliva, con fuerza; sus ojos fueron de mi trasero a mi cara—. ¿Eso significa que planeas hacer algo en el futuro?
¿Lo planeaba?
Me estaba gustando el coqueteo y el ambiente relajado entre los dos, y nadie podía negar que Xander estaba buenísimo. Pero… ¿de verdad quería algo con un motociclista?
Aunque solo fuera sexo casual.
Echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.
—Tranquila, preciosa, tienes cara de que te va a dar un aneurisma. Solo estoy coqueteando contigo. Además, ni siquiera voy a estar por aquí los próximos días. Solo pasé para decírtelo.
La verdad es que no supe qué decir ante eso.
—Eh… gracias, supongo.
—Pero no vas a estar sola. Mi amigo Irish…
—¿El que estaba destrozando tu propiedad anoche, verdad? —No pude evitarlo: miré hacia los árboles del perímetro y la cerca más allá, como si esperara ver a otro motociclista con chaleco de cuero ahí de pie, observando.
Por supuesto, no había nadie allí.
—El mismo, pero está ahí si necesitas ayuda.
—¿Ayuda para destrozar mi jardín?
La risa de Xander se hizo más fuerte.
—Solo no lo invites a ninguna fiesta.
Su rostro se puso serio al instante.
—De hecho, no lo invites en absoluto, pero está ahí por si hay problemas —añadió deprisa.
—¿Es peligroso? —no pude evitar preguntar.
—Dios, no. —La risa de Xander se apagó—. Pero es… un tipo guapo. A las mujeres les gusta.
Observé cómo Xander me miraba de reojo.
—No quiero que te encante antes de que yo regrese.
Casi con cautela, estiró la mano y me apartó detrás de la oreja un mechón suelto de mi cabello oscuro.
Sin querer, cerré los ojos. Sus dedos eran cálidos y ásperos. Manos de hombre, y había pasado tanto tiempo desde que alguien me tocaba con algo parecido al cariño.
—Entonces… —La mano de Xander cayó de mi rostro y él se alejó un paso—. Me voy a ir ahora, antes de hacer alguna estupidez como besarte.
Se me calentaron las mejillas. Solo unos minutos antes me estaba diciendo que no podía meterme en eso con un motociclista, y ahí estaba yo, deseando que quizá sí me besara.
Está claro que nunca aprendí la lección, todos esos años atrás.
—¿Besarme sería algo malo? —susurré, mirándolo desde abajo.
—No.
Una mano enorme me rodeó la cintura y me atrajo hacia él.
—No, creo que sería algo muy, muy bueno, Boo. Pero… —los dedos en mi cadera se tensaron y se me escapó un suspiro entrecortado.
Joder, hoy estaba necesitada. No sabía si era por lo que había visto en la fiesta anoche o por la cercanía de este desconocido enorme, alto, moreno y guapo.
Fuera lo que fuera, se sentía como si mis partes íntimas tuvieran su propio latido; vibraban tanto que casi dolía.
—¿Pero? —incliné aún más la cabeza hacia atrás.
—Tengo que estar en otro lado. Y si te beso, entonces voy a… —sus ojos se desviaron hacia la única tumbona junto a mi piscina vacía—. Desnudarte y besarte entera —añadió rápido—. Y si alguna vez me dejas hacerlo, voy a tomarme mi tiempo para devorarte. Así que…
—¿Lo dejamos para otro día? —me zafé de su agarre.
Al menos uno de los dos tenía sentido común, porque en ese momento yo no tenía absolutamente ningún autocontrol y no quería nada más que treparlo como si fuera un árbol y montarlo hasta que se nos fueran los ojos hacia atrás.
Apreté los muslos al pensarlo.
Los ojos de Xander se movieron hacia abajo y volvió a sonreír.
—Lo dejamos para otro día —asintió—. Pero cuando regrese, te voy a sacar —dijo con firmeza.
—¿Eso es que me estás invitando a una cita? —lo piqué.
Negó con la cabeza.
—No, Boo, eso no es que te esté preguntando. Es que te estoy diciendo que te voy a llevar a comer —me guiñó un ojo—. Porque cuando te tenga a solas, voy a devorarte de verdad.
Se alejó con paso despreocupado, dándome la vista perfecta de su trasero envuelto en mezclilla y de sus hombros anchos bajo el chaleco.
Era delicioso.
—Si hay algún problema mientras no estoy, Boo —gritó por encima del hombro mientras pasaba la pierna con facilidad por encima de la moto más grande y brillante que había visto en mi vida—. Te vas a la casa de al lado y pides ayuda. Irish va a cuidarte.
