Elogio a una hermana guerrera

La iglesia me abrumaba con el olor a incienso y lirios. El fuerte aroma se pegaba a mis pulmones, al igual que la tristeza se pegaba a mi corazón. Mis dedos, cubiertos con guantes negros, temblaban mientras sostenía el programa, sintiendo la superficie fría y brillante contra mi piel. Mirar la foto ...

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