Aguas termales, chocolate caliente y confesiones acaloradas

Mis piernas colgaban, golpeando contra la barra de metal debajo de la silla del hospital. No podía apartar la vista del animal de dibujos animados descolorido en el bolsillo de la bata del Dr. Giacherio. ¿Era un perro? Era difícil distinguirlo. La ansiedad retorcía mi estómago; las noticias podían i...

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