De las montañas al océano

—¿Uno más?— La voz de mi papá resonó por el estrecho pasillo, enfocándose en la foto que sostenía con fuerza en mi mano, ahora cubierta de sudor.

Los labios de Maekynzie estaban fruncidos, congelados en medio de una rabieta. Tragué con dificultad, sintiendo el nudo en mi garganta apretarse con cada...

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