Puestas de sol, surf y cielos estrellados

Un suave gemido escapó de mis labios cuando las cobijas fueron arrancadas de mi cara.

—Vamos, dormilona —la voz de Chandler, suave y baja, me envolvió—. Arriba y a moverse.

Gruñí ininteligiblemente, intentando acurrucarme de nuevo en la comodidad de mi cama. Pero Chandler no iba a permitirlo.

—Sé...

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