La llamada que lo cambió todo

Una ligera brisa revoloteaba por el estacionamiento, agitando las nubes rotas arriba. Me envolví más en mi chaqueta de mezclilla, sintiendo el peso reconfortante contra la suave frescura del aire. Debajo, mi nuevo vestido de verano —un remolino de girasoles e índigo— rozaba suavemente mi piel. Los p...

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