Los guerreros de Ewing se reúnen

El hospital olía a antiséptico, un aroma que siempre me traía recuerdos de agujas y visitas al médico. Me inquietaba con el dobladillo de mi vestido amarillo de verano, la suave tela de algodón destacando contra las paredes blancas. Mis sandalias de plataforma resonaban en el suelo de baldosas, un p...

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