Cansado, mareado y abrumado

Escuché el crujido de la puerta del dormitorio y levanté la vista para ver a Chandler, ya vestido con su ropa de trabajo. Su habitual sonrisa encantadora y torcida hizo que mi estómago se revolviera, especialmente con el azul brillante de su chaleco de Wal-Mart. Lo llevaba sobre una camisa de botone...

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