Fin de año en la playa

Bernard empujó su esponjosa cabeza blanca contra mi mano.

—Deja de ser tonto, grandulón —susurré, acariciando detrás de sus suaves orejas. Después de darle una última palmadita, abrí la puerta mosquitera y salí al clima soleado. Entrecerré los ojos mientras me envolvía más ajustadamente en mi cubie...

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