Capítulo 255

La noche siguiente, aterrizamos en Denver.

Pasamos por aduanas y afuera ya nos esperaban dos autos negros muy elegantes.

Sebastian, sin decir palabra, mandó a la señora Dahlia y a los guardaespaldas en uno.

No pregunté a dónde iban. Sinceramente, no era mi problema.

Nos subimos al otro coche y v...

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