Capítulo 6 EL BESO DEL DESTINO RECLAMADO

El silencio que siguió fue tan denso que Selene podía escuchar el latido frenético de ambos corazones, sincronizándose en una danza antigua. La tensión era única; una mezcla de odio por el olvido y una necesidad salvaje que ninguno podía reprimir más.

—Dime qué éramos —exigió Damien, su voz bajando a un susurro peligroso. Su mano subió lentamente por el brazo de Selene, sus dedos rozando la seda y luego la piel, dejando un rastro de fuego a su paso—. Dime por qué mi lobo se arrodilla ante ti.

Selene lo miró, y en ese momento, el muro de hielo que había construido durante seis años se desmoronó. La rabia de sentirse olvidada luchó contra el amor desesperado que aún sentía.

—Éramos todo —susurró ella—. Eras mi vida, mi compañero, mi aire. Y me dejaste sola en la oscuridad.

Damien no esperó más. Su autocontrol se rompió como un cristal golpeado por una maza. Se inclinó y capturó sus labios en un beso que no tuvo nada de suave. Fue un reclamo, una explosión de hambre contenida y dolor acumulado. Selene soltó un gemido que fue ahogado por la boca de él, y en lugar de apartarse, lo rodeó con sus brazos, hundiendo sus dedos en su cabello oscuro, tirando de él con la misma desesperación.

El encuentro fue salvaje. Damien la levantó, sus manos grandes y poderosas sosteniendo sus muslos mientras ella envolvía su cintura con las piernas. La seda de la camisola se subió, dejando que la piel de Selene rozara la dureza de los pantalones de Damien. Él la llevó hacia la cama sin romper el beso, sus lenguas luchando por el dominio en una batalla que ambos querían perder.

Cada caricia de Damien era como si estuviera intentando marcarla de nuevo, como si quisiera recuperar los seis años perdidos a través del tacto. Sus labios bajaron por su cuello, dejando marcas de propiedad que harían que cualquier otro Alfa supiera que ella estaba bajo su protección.

—Dime mi nombre otra vez —gruñó él contra su piel, su respiración agitada golpeando el hombro de ella.

—Damien... mi Damien... —respondió Selene, las lágrimas mezclándose con el sudor del esfuerzo.

En ese momento, Damien se detuvo un segundo, su frente apoyada contra la de ella. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad aterradora, una mezcla de la bestia y el hombre.

—No sé qué nos pasó. No sé qué me quitaron. Pero juro por mi sangre híbrida que nadie volverá a alejarte de mí. Eres mía, Selene. Aunque no recuerde cómo llegamos aquí, mi alma te reconoce.

El encuentro continuó con una pasión que quemaba, un acto de unión que era tanto físico como espiritual. Kaia y Cole rugían al unísono en sus mentes, celebrando el regreso de la pareja alfa. Pero en medio del éxtasis, el miedo seguía latente en el corazón de Selene.

Horas más tarde, mientras la respiración de Damien se volvía pesada y caía en un sueño profundo por primera vez en años, Selene se levantó de la cama, temblando. Miró el rostro sereno de su compañero y luego su teléfono. Un mensaje de Lucien apareció en la pantalla: "Darius está enviando rastreadores a Sombraluna. Cree que escondes algo más que secretos políticos. Tienes que volver ya si quieres protegerla ".

Selene sintió un frío glacial. Miró a Damien, sabiendo que si se quedaba, él descubriría a Aria, pero si huía, él la perseguiría como al peor de sus enemigos. Con el corazón desgarrado, tomó su ropa y se preparó para la huida más difícil de su vida. Volver a dejarlo.

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