Capítulo 7 LA HUIDA DEL ALMA ROTA

El silencio de la habitación era denso, roto solo por la respiración acompasada de Damien. Selene se quedó sentada en el borde de la cama, con la seda de la sábana apenas cubriéndola, observando la espalda desnuda de su compañero. La luz de la luna, esa misma luna que seis años atrás fue testigo de su tragedia, entraba por la ventana bañando los músculos tensos de Damien.

Incluso dormido, él emanaba un poder que la intimidaba y la atraía por igual. El aroma del sexo y la unión todavía flotaba en el aire, mezclado con el olor a tormenta de él. Selene estiró la mano, sus dedos rozando casi el aire sobre su piel, deseando desesperadamente quedarse allí, despertar a su lado y contarle que tenían una hija.

Pero el mensaje de Lucien en su teléfono quemaba en su mente: “Darius envió rastreadores. Sombraluna está en riesgo. Aria está en riesgo”.

—No puedo perderla a ella también —susurró Selene, su voz apenas un hilo de aire.

Se levantó con movimientos felinos, tratando de no hacer crujir el suelo de madera. Cada centímetro que se alejaba de la cama se sentía como si estuviera desgarrando su propia piel. Kaia, su loba, aullaba de dolor en su mente, arañando las paredes de su conciencia: «¡Quédate! ¡Él es nuestro! ¡No lo dejes otra vez!».

—Si nos quedamos, Darius la encontrará —le respondió Selene internamente, con una firmeza nacida del miedo maternal—. Él lo usó a él, lo convirtió en un arma. No dejaré que haga lo mismo con Aria.

Se vistió con manos temblorosas, colocándose su traje de Alfa con una rapidez mecánica. Antes de salir, se detuvo un segundo frente a Damien. Él se movió entre sueños, murmurando algo ininteligible, y por un instante, Selene creyó ver al joven que la amó en el claro del bosque. Se inclinó y dejó un beso casi imperceptible en su frente.

—Lo siento, Damien —murmuró—. Pero todavía no puedes protegernos de tu propio tío.

Salió de la suite y encontró a Lucien esperándola en las sombras del pasillo. El Beta no dijo nada, pero sus ojos reflejaban la urgencia. Corrieron por los pasadizos traseros del hotel, evitando las patrullas de los guerreros de Noctaris. Lucien había logrado hackear momentáneamente la barrera de energía de Damien, creando una pequeña brecha de apenas sesenta segundos.

Saltaron al vehículo y aceleraron hacia la frontera de Sombraluna. Selene miró por el espejo retrovisor el palacio de Noctaris alejándose, sintiendo que dejaba su corazón clavado en aquella cama.

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