Capítulo diecinueve

Laura seguía pegada a la fría pared de piedra, con la respiración rápida y desigual. Su corazón no se calmaba. Las palabras de Dante todavía le resonaban en la mente, y su presencia se quedaba prendida como una sombra de la que no podía deshacerse.

—Todo es un juego —había dicho él—. Y apenas acaba...

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