Capítulo treinta y dos

Kieran estaba recostado en su trono, con una pierna echada descuidadamente sobre el apoyabrazos. La reunión con los ancianos de la manada se había prolongado demasiado y ahora lo único que quería era el consuelo de su nueva consorte.

Como si la hubiera invocado con el pensamiento, Elise entró pavon...

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