Capítulo siete

Laura entraba y salía del sueño, perdida en una niebla de dolor y agotamiento. El tiempo no significaba nada. Las sombras crecían y se desvanecían. A veces oía voces, susurros quedos que no lograba entender. Otras veces, unas manos tocaban su piel, manos frías y distantes, que cuidaban de sus herida...

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