Capítulo ocho

La respiración de Laura se le cortó al oír sus palabras.

—Mía.

No era una pregunta. No era una afirmación que ella pudiera apartar con un manotazo. Era un hecho, dicho con la misma simpleza con la que el cielo es azul o la luna tira del agua.

El corazón le latía con fuerza contra las costillas, c...

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