Capítulo 75

Rhea

Mis manos no dejaban de temblar.

Me quedé frente al segundo alijo de suministros, mirando el contenedor metálico medio enterrado entre musgo y agujas de pino. Los temblores iban más hondo que el frío o el miedo: era algo fundamental, como si mi cuerpo hubiera olvidado cómo mantenerse unido.

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