Capítulo 137 El aroma de la infidelidad

Pero Alexander no era nada si no era gentil.

Sin brusquedad, sin tomar—cada movimiento era de una ternura infinita, desgastando gradualmente su capacidad de resistir.

Nadie podía rechazar tal gentileza...

Grace luchaba por aferrarse a su último hilo de razón. —Alexander... mmm... no...

Parecía u...

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