Capítulo 50 El mensajero

El amanecer del día siguiente los encontró otra vez en el sótano.

La celda de máxima seguridad olía a piedra húmeda, a sangre seca y a miedo. El mensajero estaba sentado en el suelo, las muñecas sujetas a la pared con grilletes reforzados. Tenía la cara hinchada del interrogatorio anterior y una he...

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