Capítulo 8 El Trono de Cenizas

La noche no trajo paz. Tras el estallido de violencia en la mansión, Pedro conducía sin rumbo, con los nudillos todavía ardiendo por el impacto contra el rostro de su hermano. El silencio de su auto era ensordecedor, así que tomó el teléfono. Necesitaba la única voz que lograba calmar su tormenta.

—¿Pedro? ¿Qué pasó? Tu voz suena distinta —respondió Sara de inmediato, fingiendo una preocupación que Pedro devoró como un hombre sediento.

—Me peleé con Octavio, Sara. Le puse la mano encima —confesó Pedro, con la respiración entrecortada—. Estaba borracho, diciendo locuras sobre ti, reclamando que eras el "amor de su vida". No pude más. Mis padres se metieron, pero solo para defenderlo a él, como siempre.

Sara, desde la oscuridad de su habitación, esbozó una sonrisa que Pedro nunca vería. El caos estaba floreciendo.

—Oh, Pedro... tu hermano está mal. Está perdiendo la razón. Sus padres lo van a volver loco con sus mentiras y su presión. Me da miedo lo que sea capaz de hacerte.

—No voy a volver a esa casa hoy, Sara. No puedo verlos a la cara sin querer prenderle fuego a todo. Me quedaré en un hotel. Mañana pasaré por ti, necesito que me acompañes a la empresa. Hay documentos que debo firmar antes de que mi padre intente sacarme de la jugada por lo de hoy.

El Encuentro en la Constructora

Al día siguiente, el vestíbulo de la Constructora Smith se sentía como una zona de guerra. Pedro llegó con Sara del brazo, ambos luciendo impecables, aunque la mirada de Pedro era de acero puro. Sin embargo, no llegaron lejos antes de que las puertas del ascensor se abrieran y apareciera la figura golpeada de Octavio Jr., ocultando un moretón bajo maquillaje, y a su lado, una Eloísa que caminaba con una sonrisa triunfal y forzada.

—¡Vaya! Pero si es la feliz pareja —exclamó Eloísa, ignorando la tensión mortal entre los hermanos—. Qué coincidencia encontrarlos. Octavio y yo acabamos de tomar una decisión importante después de lo de anoche.

Pedro apretó la mandíbula, pero fue Sara quien respondió con una cortesía gélida.

—¿Ah, sí? ¿Y qué sería eso, Eloísa?

—Nos casamos. —anunció Eloísa, agarrando el brazo de Octavio con fuerza—. La ceremonia será en dos semanas. Por supuesto, ustedes están más que invitados. Queremos que toda la familia esté "unida", ¿verdad, cariño?

Octavio Jr. no miraba a su prometida. Sus ojos estaban fijos en Sara, buscando un rastro de celos, de dolor o de cualquier cosa que le indicara que ella todavía sentía algo. Sara, con una maestría absoluta, se acercó un paso y sonrió.

—Muchas felicidades, de verdad. Octavio, te llevas a una mujer... muy especial. Espero que esta vez sí sepas lo que es el compromiso —dijo Sara, clavando el puñal con elegancia—. Estaremos allí, sin duda.

La Pelea de Sombras

En cuanto Pedro y Sara se alejaron hacia la oficina presidencial, Eloísa arrastró a Octavio hacia una esquina vacía del pasillo. La máscara de la "novia feliz" se le cayó de golpe.

—¿Qué demonios te pasa, Octavio? —siseó ella, furiosa—. ¡Casi me dejas en ridículo! Ni siquiera pudiste fingir una sonrisa cuando anuncié la boda.

—¿Por qué hiciste eso? —rugió Octavio Jr. en voz baja—. ¡No hemos hablado de adelantar la fecha! Solo quieres marcar territorio porque estás muerta de celos de Sara.

—¡Claro que tengo celos! —gritó Eloísa, olvidando dónde estaban—. Me pediste matrimonio para complacer a tu madre, pero anoche te escuché gritar su nombre. ¡Le rogaste que volviera contigo! No voy a permitir que esa mujer me humille. Nos casamos, Octavio, y vas a actuar como un hombre enamorado aunque te cueste la vida.

Los Fondos Ilícitos

Mientras tanto, en la oficina principal, se desarrollaba un conflicto que Sara no esperaba. Ella se había quedado en la antesala mientras Pedro discutía con su padre a puerta cerrada. De pronto, escuchó a Octavio Sr. gritar por el altavoz del teléfono, ignorando que alguien pudiera oírlo.

—¡Escúchame bien, Soledad! ¡Esos auditores no pueden entrar a los archivos de hace quince años! —bramaba el patriarca con voz ronca—. Hay movimientos de fondos ilícitos que usamos para "limpiar" aquel asunto. Si descubren que el dinero de la constructora fue desviado para sobornos médicos y policiales, nos van a meter a todos en la cárcel por lavado de dinero.

Sara sintió que el corazón le daba un vuelco. No solo la habían destruido físicamente; habían usado la empresa como una lavadora de dinero para borrar su rastro. Pero el giro real vino cuando Pedro salió de la oficina, luciendo más tenso que nunca.

—Sara, la situación es crítica —susurró Pedro, tomándola de la mano—. Acaban de informar que el Ministerio Público ha iniciado una investigación formal contra la constructora por presunto manejo de fondos ilícitos. Mi padre está desesperado. Dicen que hay facturas falsas que coinciden exactamente con las fechas de hace quince años... las fechas en las que tú estabas en aquel hospital.

Sara fingió horror, pero por dentro sentía una satisfacción eléctrica. El pasado de los Smith no solo estaba volviendo en forma de fantasma, sino en forma de una investigación criminal que podría dejarlos en la calle.

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