Capítulo 50

Elizabeth contestó su teléfono, llevándolo a su oído sin ponerlo en altavoz.

—¿Dónde estás? —la voz de Cornelius era fría.

—Surgió algo. ¿Qué pasa?

Al otro lado, Cornelius frunció el ceño mirando su teléfono. Su voz era suave y complaciente, nada como su yo habitual. Solo había escuchado a Elizab...

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