30

—Ohhh... mierda...—suspiró Sam mientras apartaba mi cabeza de su entrepierna y se acurrucaba en posición fetal de lado. Llevaba más de media hora comiéndosela, sin prisa porque, por una vez, no tenía ninguna limitación de tiempo. No estaba tratando de hacer un rapidito antes de la escuela, como habí...

Inicia sesión y continúa leyendo