TREINTA Y SIETE

—Dios mío... Matty... —jadeó Sam, y sus ojos se cerraron temblorosos mientras la cabeza se le iba hacia atrás contra la almohada. Las sacudidas posteriores a su orgasmo le palpitaban por todo el cuerpo, dibujando ondulaciones visibles en la piel mientras se estremecía bajo mí. Cuando por fin las ole...

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