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—¡Ungh, ungh, ungh, ungh, ungh!—gruñó Sam rítmicamente.

No podía creer que estuviéramos haciendo esto.

—Soooo malditamente caliente—jadeó Belle en voz baja, sentada en la silla del escritorio con las manos en sus bragas, masturbándose furiosamente.

REALMENTE no podía creer que estuviéramos hacien...

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