Capítulo 128 Tic, tic, tic

Le Nocturne no aparecía en ningún mapa.

No lo necesitaba. Todo el mundo de la élite neoyorquina ya sabía dónde encontrarlo: una sola puerta de acero negro, encajada entre dos edificios anónimos en SoHo, custodiada por un hombre con un auricular que nunca pedía nombres.

Adentro, el aire vibraba con...

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