Capítulo 3 Viena Risha, 3
Lo que llegaba a mí era el oficio de escort. Una amiga nueva me comento de una agencia en la cual podría aprovechar mis cualidades generando cantidades exorbitantes de dinero.
—Viena, en la agencia que te comenté ofrecen a muchos de sus clientes la posibilidad de que ellos elijan que buscan en nosotras, será un beneficio para poder ser sus acompañantes y más que eso.
—¿A qué te refieres con más que eso?
—Ya sabes, masajes, algunos querrán sexo, pueden ser tríos, orgías, servicios de dominación y sumisión, otros por su parte solo querrán compañía.
—Eso no lo mencionaste, Meg, dijiste que solo sería servicio de acompañamiento.
—Por favor, Viena ¿Acaso eres tonta? Estaremos con hombres, ¿qué esperabas?
—De ser así continuare en la universidad, no planeo repetir lo que viví.
—¿Me estás diciendo que no te vengaras de tu ex? ese imbécil que te trato como un tapete! Piénsalo, en dos días dejare de asistir a la universidad y estaré de lleno en la agencia. Planeo tener dinero y mucho.
Ante sus palabras, pensé por unos segundos su propuesta. Al instante hice una pregunta al respecto.
—¿Quién dirige la agencia? quisiera comentarle mis preferencias. Si dices que hay algunas que acompañan y otras son las que ofrecen servicios sexuales quisiera ser de las primeras.
—¿No me dirás que te guardarás como monja?
—No es eso, Meg, solo no quiero estar con alguien que no quiero por mucho dinero que tenga, sabes que eso no lo necesito, siempre lo he tenido. Solo quisiera cambiar mi vida y no depender de la fortuna de mis padres.
—Creo que te comprendo y si es así como quieres, hoy te llevare con Silvia, es la fundadora de la agencia Ladys.
Al terminar nuestras clases nos dirigimos al dichoso lugar. De inmediato comprobaba que el sitio en cuestión era una especie de mansión lujosa que poseia unas instalaciones convencionales. Meg como lo menciono, estando allí ubico a la encargada y dueña de dicha propiedad sin tener que preguntar en recepción.
—¡Allí está, es esa, Viena! —indico, fijando la mirada en ella. Gire en dirección hacia donde estaba y quede sorprendida. Era una mujer de edad muy joven, diría que quizás éramos paralelas en ese aspecto.
—No puede ser ella, es muy joven —murmure.
—Si lo es, me presente con ella y en toda la web aparece su rostro. Al parecer todo esto se originó porque su ex la traiciono, por ello hoy en día hace lo que le venga en gana con cualquiera en esta agencia.
—¿De qué hablas ahora? ¿No se supone que es la fundadora de esto? —preguntaba en voz baja mientras nos aproximábamos.
—Sí, pero para vengarse de lo que su ex esposo le hizo sentir también es una escort, solo que bajo perfil, ella decide el cliente con el que ira.
—Qué maravilla, eso se…
—¡Shhh! Te escuchara.
Tras esa breve conversación nos aproximamos hasta ella, la cual se encontraba manteniendo una conversación con un hombre, muy atractivo y con aspecto de ser alguien adinerado.
Ver la categoría de cliente me llevaba a pensar si los que venían aquí serían casados o solo solteros.
—Perdone la intromisión, Señorita Silvia ¿Nos podría brindar unos minutos de su tiempo? —pregunto Meg, la susodicha por su parte nos miró e hizo énfasis en mí, seguidamente se levantó y despidió a su acompañante.
—Luego nos vemos Marc, tienes mi número para contactarme. Síganme señoritas.
Caminar por la ruta que nos indicaba me llevaba a observar que había distribuidor el logo de la agencia por toda el área, mismo que era una silueta femenina entrelazada en letras que parafraseaban la palabra Ladys.
Llegados a una amplia oficina, note que en la puerta citaba textualmente su nombre. "Silvia Highmore". Posteriormente, nos adentramos en ella para seguidamente tomar asiento como indicaba. La chica en cuestión era de tez blanca, cabello rubio con algunos reflejos cenizas y ojos llamativos con un delineado perfecto en color negro. Su rostro en su totalidad era una perfección, aunque se podía observar que lo que Meg había mencionado aún le afectaba, su mirada denotando tristeza la dejaba en evidencia.
Al girar la vista a una especie de letrero que estaba en su escritorio comprobé que mi pensar era cierto, las palabras que citaba me lo enfatizaba.
“Soy más que una foto e incluso más que una chica bonita”
—Debes de ser Viena Risha, ¿Cierto? Meg me hablo de ti y realmente no se equivocó, eres muy guapa, me vendrás de perlas en este negocio. Como ya sabrás mi nombre es Silvia Highmore, fundadora y propietaria de esta encantadora agencia.
—Sí, ya estoy informada sobre usted y solo quisiera conocer con más detalle como es todo esto, no quisiera entrar en algo que luego aborrezca.
—Con respecto a lo que dices no conozco a ninguna chica que este aquí que aborrezca esto, diría que están muy agradecidas, les brindo una vida que no todas tienen. Poseen lujos, hombres que se los brindan, y lo más importante, no están atadas a ninguno de nuestros clientes.
—Por como lo dice, se escucha maravilloso.
—Lo es. La agencia se encarga de ofrecer un servicio profesional asegurándonos de que las chicas con las que trabajamos sean auténticas y por supuesto, también mayores de edad, de modo que se podrá encontrar desde jóvenes de veinte años hasta mujeres maduras de cuarenta. De esta forma, los clientes suelen descubrir a chicas de lo más variadas: rubias, morenas, altas, delgadas, con grandes senos… todo esto al gusto de cada uno.
—Suena tentador, pero, ¿qué ocurre si no deseo intimar con el cliente que este a mi cargo?
Ante mi pregunta, sonrió y se levantó del asiento, dejando ver con esto su delgada figura.
—Lo que brinda una escort profesional de agencia no queda solo ahí. Muchos hombres cuentan con ellas para disfrutar de su compañía más allá de lo carnal. De esta forma, hay clientes que deciden contratar a una chica para que les acompañen a cenas, bodas y eventos de cualquier tipo. Aquí no impongo en que tengan sexo si no lo desean. Solo sucede si la empleada lo quiere.
—Qué bueno que lo aclaras, Silvia, tampoco sabía eso —añadía Meg.
—Otra cosa que deben saber de este oficio es el hecho de que no mezclamos los sentimientos, por ello no solemos tener relaciones formales fuera del contrato y mucho menos salir embarazadas. Por este motivo pedimos a cada una que si mantienen relaciones sexuales se protejan durante el acto, de esa manera evitan riesgo de ese tipo de imprevistos y también de cualquier infección.
—Eso que dices me agrada y realmente no creemos que eso nos suceda, lo que queremos es una mejor vida por nosotras mismas, ¿cierto, Viena?
Estaba tan ensimismada en una pintura que había en esa oficina que sin darme cuenta ignore lo que mi amiga decía.
—Tal parece que Viena está contemplando una de mis pinturas —refirió Silvia para ir por ella—. En ocasiones pinto y esta ilustración que hice de mi rostro como una especie de puzle, es una etapa que viví, pienso que estaba tan rota que por ello decidí demostrarlo de esta manera.
El decir esto reflejo en su rostro un signo evidente de tristeza, al parecer lo que sufrió aunque lo trabajara para olvidarlo todavía le afectaba, no importaba como lo disimulara sabía que así era.
