90. ¡Caliente!

Dominick no podía entender por qué ella todavía tenía el efecto. Ya debería haber estado bien.

Grace lo miró con el ceño fruncido cuando él se acercó a la cama y se sentó a su lado. Quitó la manta y tocó sus piernas.

—¿Sientes mi toque?

Preguntó.

—¡No!

Respondió ella.

Dominick frunció el ceño y l...

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