Capítulo 21 Capitulo 21

El gancho amaneció vacío.

No el de la bata. El del claro. El de la cena. El que yo había dejado arrugado en la silla y el ama, sin preguntar, había colgado para que no se viera el vino. Me quedé en la puerta del armario con el pelo todavía húmedo y la mano a medio camino. El verde seguía. El de...

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