Capítulo 12 La sangre no miente

La mansión se sentía más fría que nunca. Subí a mi habitación, pero no para dormir. El eco de las palabras de Sebastián —tu padre era el arquitecto— y la nota que acababa de recibir revelando que mi padre había despertado golpeaban las paredes de mi cráneo como una sentencia de muerte.

Si él decía l...

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