Capítulo 31 El código de la sangre

La escotilla se cerró con un siseo neumático que selló nuestro destino. El aire en el interior del sumergible era frío, seco y cargado con el aroma de ozono de los componentes eléctricos nuevos. Sebastián se lanzó de inmediato al asiento del piloto, sus manos moviéndose con una familiaridad experta ...

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